Por; Walter E. Pimienta Jiménez
Querida mamá, Como sé que al cielo también llegan cartas, pues ahora con esto del internet y la tecnología todo es posible, desde Bogotá te envío este mensaje de Navidad. Léelo, es para ti. Dios me dio permiso para escribirte. ¡Qué bueno es! El me la está dictando… Mañana es Navidad, mamá… La segunda sin ti. Supongo que tú estarás feliz, preparando con mi padre tu arbolito celestial ¡Qué hermoso debe ser! ¡Me lo imagino!... Por acá, Carmen, Cristina, Jesús, Ludis, Javier, Mónica Alexandra, Elsa, Lili, Marceliano, Omar, Carmen Rosa y yo, también hacemos lo mismo; tal como tú en familia nos lo enseñaste… Ojalá nos quede como los tuyos… Como los que en Juan de Acosta, por tantos felices diciembres, adornaron la sala de la casa y eran la admiración de los vecinos de la Calle del Repaso… ¿Te acuerdas? … ¿Sabes? En verdad no creemos que el nuestro nos quedará tan perfecto como el tuyo…ojalá; en todo caso lo hemos hecho en homenaje a ti y a aquellas tradiciones ancestrales que en familia nos enseñaste. |
¿Que por qué te hablo de todo esto? Simplemente porque todos los días te recordamos… pero más, mucho más en la Navidad. Porque eras y sigues siendo el centro de todo. La única persona que, junto con nuestras compañeras y compañeros, en este mundo de verdad nos quiso y que realmente nos valoró. No te lo negamos, mamá, estas fechas nos ponen nostálgicos, tristes, añadiéndole a eso que nos sentimos muy solos sin ti y, entonces, la casa se nos hace grande, muy grande…, pero no te preocupes; no vamos a llorar… Habrá como cantar un villancico alrededor del Belén “sisbenizado” que Carmen, en un rincón de la sala, como una invasión tugurial, ha hecho. Tú sabes cómo le gustan a ella estas cosas... Y claro, claro, habrá galletas, natilla de la que Cristina prepara, una cena con receta de revista navideña, vino de la cosecha del honrado sudor laboral, regalos, muchos regalos y una silla en la mesa dispuesta para ti, para recibirte como te lo mereces. Yo sé que Dios es tan bueno que esa noche te dará permiso para estar con nosotros…Perdóname, estoy llorando y dije que no íbamos a llorar… Te informo algo. Aún hay gente que no te olvida, que te recuerda mucho y nos hablan de ti… También te querían y dicen cosas bonitas de ti… Nos enorgullece eso… en qué buena opinión te tenían, te consideraban mucho, mucho… Desde que te fuiste tu recuerdo no muere mamá… Descuida, no se nos olvidará… Esta noche, a las doce, siguiendo tu doctrina, haremos entre todos una oración al Niño Dios y en esa plegaria de gloria que también es para ti, daremos a El las gracias por haberte traído hasta nosotros. ¡Feliz Navidad, mamá! El reloj acaba de dar las doce en punto. Deseamos de todo corazón que esta vez y siempre, como cuando hacías de Niño Dios, nos regales todo lo que nos merezcamos… Yo por mi parte espero ansioso mi regalo… Tu bendición… ¿Feliz Navidad, mamá! Atentamente: Tus hijos, yernos, yernas y nietos.
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