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Hong Kong: Detenciones arbitrarias, palizas brutales y tortura bajo custodia, al descubierto
Amnistia Internacional. 19.09.19 
Una nueva investigación sobre el terreno llevada a cabo por Amnistía Internacional ha documentado un patrón alarmante de uso de tácticas temerarias e indiscriminadas por la policía de Hong Kong, entre ellas la detención de personas en las protestas, así como pruebas exclusivas de tortura y otros malos tratos bajo custodia.
Tras entrevistar a casi dos decenas de personas detenidas y recopilar pruebas confirmatorias y testimonios de profesionales de la abogacía y la salud y de otras personas, la organización pide que se lleve a cabo sin demora una investigación independiente de las violaciones de derechos humanos, cuya gravedad parece haberse incrementado desde que comenzaron las protestas masivas en junio.
“El mundo entero ha podido ver, retransmitida en directo, la respuesta de mano dura de control de multitudes de la policía de Hong Kong en las calles. Mucho menos visible es el sinfín de abusos que la policía inflige, fuera de la vista, a manifestantes”, ha afirmado Nicholas Bequelin, director regional para Asia Oriental de Amnistía Internacional.
“Las pruebas dejan poco margen de duda: con aparente sed de represalia, las fuerzas de seguridad de Hong Kong están aplicando un perturbador patrón de tácticas temerarias e ilegítimas contra participantes en las protestas, entre ellas  la detención arbitraria y la comisión de actos violentos de represalia contra personas bajo custodia, algunos de los cuales constituyen tortura.”
Se ha detenido a más de 1.300 personas en el contexto de las protestas masivas contra las propuestas de reformas legislativas que habrían permitido la extradición a la China continental. Si bien la gran mayoría de las personas que se han manifestado lo han hecho de forma pacífica, ha habido violencia, que parece estar intensificándose junto al uso excesivo de la fuerza por la policía. La mayoría de las personas que hablaron con Amnistía Internacional han solicitado permanecer en el anonimato, alegando el temor a sufrir represalias de las autoridades en un clima de impunidad.
Las entrevistas a personas detenidas y a profesionales de la abogacía que ha realizado Amnistía Internacional demuestran que en la mayoría de los casos la violencia policial se ejerció antes del arresto y durante él. En varios casos, las personas detenidas que habían participado en las protestas también han sido brutalmente golpeadas bajo custodia y han sufrido otros malos tratos que constituyen tortura. En muchas ocasiones, al parecer el abuso se cometió a modo de “castigo” por contestar o mostrar una actitud poco colaboradora.
Un hombre detenido en una comisaría de policía tras ser arrestado en una protesta en los Nuevos Territorios en agosto contó a Amnistía Internacional que después de que se negara a responder a una de las preguntas de admisión varios agentes lo llevaron a otra sala donde lo golpearon brutalmente y lo amenazaron con romperle las manos si intentaba protegerse.
“Sentí que me golpeaban en las piernas con algo muy duro. Entonces uno [de los agentes] me giró y me hincó las rodillas en el pecho. Me dolían los huesos y no podía respirar. Intenté gritar, pero no podía ni respirar ni hablar”, dijo.
Mientras lo mantenían inmovilizado en el suelo, un agente de policía le abrió un ojo a la fuerza y lo apuntó con un puntero láser, preguntándole: “¿No te gusta apuntar con esto a la gente?” Se trató, aparentemente, de una represalia por el uso de punteros láser de algunos manifestantes en las protestas. Más tarde fue hospitalizado durante varios días por una fractura ósea y hemorragias internas.
Amnistía Internacional entrevistó a otro hombre al que habían detenido también en agosto en Sham Shui Po. El agente que lo arrestó le pidió reiteradamente que desbloquease su teléfono para inspeccionarlo; enfadado ante las negativas, el agente lo amenazó con aplicarle descargas eléctricas en los genitales. El hombre contó a Amnistía Internacional que “tenía miedo” de que el agente cumpliese sus amenazas, “porque corren tiempos tan disparatados que hay que contar con que todo pueda suceder”.
Durante el tiempo que permaneció en una sala común de una comisaría, ese mismo hombre presenció cómo unos agentes de policía obligaban a un niño a proyectar un puntero láser en su propio ojo durante unos 20 segundos. “Al parecer había usado el puntero láser en la comisaría”, rememoró el hombre. “Le dijeron: ‘Ya que tanto te gusta apuntarnos con el láser, ¿por qué no te lo haces a ti?’”
Amnistía Internacional también documentó una clara constante de uso innecesario y excesivo de la fuerza por los agentes de policía durante el arresto de manifestantes. La policía antimotines y un escuadrón táctico especial comúnmente conocido como “los raptores” fueron los responsables de los episodios de violencia más graves. Casi todas las personas detenidas entrevistadas relataron haber sido golpeadas con porras y con los puños durante el arresto, incluso cuando no habían opuesto resistencia.
Una joven detenida en una protesta en Sheung Wan en julio describió, como muchos otros manifestantes, que había recibido un fuerte impacto con una porra policial por la espalda mientras se alejaba corriendo de una carga policial; los agentes de policía la derribaron y, una vez en el suelo, la esposaron con abrazaderas de plástico y continuaron golpeándola.
De un modo similar, un hombre detenido en una protesta en Tsim Sha Tsui en agosto relató que se retiró y echó a correr cuando la policía empezó a cargar contra la concentración de manifestantes. Contó a Amnistía Internacional que “los raptores” lo atraparon y lo aporrearon en el cuello y los hombros desde atrás. Dijo lo siguiente:
“Me derribaron a golpes de inmediato. Tres de ellos se me subieron encima y me apretaron la cara con fuerza contra el suelo. Un segundo después me estaban dando patadas en la cara… Los mismos tres agentes del escuadrón táctico especial continuaron ejerciendo presión sobre mi cuerpo. Empecé a tener dificultades para respirar y sentí un dolor intenso en la parte izquierda de la caja torácica… Me dijeron: ‘Cállate, deja de hacer ruido’”.
Según su historial médico, estuvo dos días hospitalizado y fue tratado de una costilla rota y otras lesiones. En más del 85% de los casos investigados por Amnistía Internacional (18 de 21), la persona detenida fue hospitalizada a consecuencia de los golpes recibidos, y en tres de ellos el ingreso hospitalario duro al menos cinco días.
“Una y otra vez, los agentes de policía infligieron violencia antes de los arrestos y mientras los practicaban, incluso cuando la persona había sido inmovilizada o retenida. Por tanto, el uso de la fuerza fue claramente excesivo, lo que infringe el derecho internacional de los derechos humanos”, afirmó Nicholas Bequelin.
Amnistía Internacional también documentó varios casos de detención arbitraria e ilegítima, así como numerosos casos en los que la policía negó o retrasó el acceso de las personas detenidas a asistencia letrada y atención médica. Permitir el acceso oportuno de las personas bajo custodia a asistencia letrada, familiares y profesionales de la salud es una importante salvaguardia contra la tortura y otros malos tratos.
Las conclusiones llegan después de que un grupo de expertos de la ONU expresase su alarma ante la constante de ataques contra manifestantes y detenciones de manifestantes a manos de la policía de Hong Kong.
“Dada la generalización de los abusos que encontramos, está claro que la policía de Hong Kong ya no está en condiciones de investigar y reparar por sí misma la represión ilegítima generalizada de manifestantes. Amnistía Internacional pide urgentemente que se realice una investigación independiente e imparcial que desemboque en enjuiciamientos y ofrezca justicia y reparación, dada la escasa confianza en los mecanismos internos existentes, como la Comisión Independiente para las Denuncias contra la Policía”, afirmó Nicholas Bequelin.
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