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“La moncloalición”
Jose Maria Barrionuevo Gil. 13.10.19 
En estos tiempos que corren, pero de verdad, sabemos que “se pilla antes a un embustero que a un cojo”, a no ser que el embustero sea cojo, que en ese caso se coge al cojo, y por embustero también. En política, en toda la política, la de las prisas y la de las dilaciones, la de los los tiempos sin temple, solamente nos redimen las hemerotecas. Solo nos salva que podamos hacer uso de la memoria y siempre que podamos contar con ella, si no nos la echan a perder con tanto mantra como nos endiñan encima, para que no podamos levantar cabeza ni dar un garbeo a nuestras desasistidas neuronas. Coalición hace referencia a un crecer juntos; si nos dejan, claro.
La orfandad política en la que nos encontramos, nos obliga a buscar cuanto antes una política putativa que nos adopte, no sea que llegue el invierno político y nos coja en cueritos vivos a todos. Ya, sin permiso de la campaña electoral, los pretendientes a ser padres de la patria, nos están mostrando las telas con que nos cubrirán todas nuestras desnudeces, incluidas las mentales. Los paños son de vistosos colores y de ambiciosas dimensiones, pero no sabemos con qué medidas nos los van a cortar o recortar.
A más de uno de los candidatos, ahora, el tiempo les sabe a poco, aunque ya hayan dado muestras de parsimonia, cuando tenían que dedicarle tiempo a dialogar, a hacer política, a aprovechar las rondas de visitas, a concluir las entrevistas, a ponerse de acuerdo.
En estos días ya estamos asistiendo a una teatralización total y portentosa, que no les permite poder dejar tiempo para unos sanos ensayos. Ya van a todo trapo.
Con estas prisas y con estos pelos ya estamos avisados de que los tiempos estaban más que “medidos, más que pesados, más que contados”, cuando con una gracia, que algunos habrán creído como sobrenatural, se nos ofrecían imágenes relajadas, graciosas, que habían perdido por el camino la dureza de una andadura política. Hace tiempo se nos mostraba una cercanía popular, casi inocente, entre Zapatero y Rajoy, como si no tuviera mucha importancia, pero que nos descubría una sintonía, una sencillez y una amistosa convivencia, que no asustaba a nadie por entonces.
Tras la imposibilidad de un gobierno de coalición a mano y a mente, con mentiras de grueso calibre que difícilmente pueden ser tragadas y, mucho menos, digeridas, ya se va conformando una nueva política de siempre, aunque camuflada de enorme modernidad. Antes, hemos podido presenciar el desaguisado de un gobierno de coalición progresista, porque a progresista al PSOE no le ganaba nadie. Se nos ha perdido el tiempo y hasta la memoria política de estos últimos cuatro años, en que se ha mentido por activa y por pasiva, deteriorando y erosionando cada vez más las expectativas del electorado, que ha podido ver claramente cómo millones de votos iban directamente a la otra basura. Aclarando, podemos decir que a la basura de la “representatividad reducida” iban los votos de los que habían sido engañados, pues no conseguían que sus votos, una vez validados, quedaran como respaldo de una estabilidad política, aunque fuera de coalición; a la basura de la “no representatividad aumentada” iban los votos que, por el arte de las circunscripciones y de la ley D'Hont, quedaban fuera de todo cómputo.
Después de salir a flote, con la única propuesta declarada como de obligadas elecciones, porque se ha visto que a UP, ni agua, quieren que sus pocas aguas puedan ser compartidas en una “gran coalición” de PSOE con PP, dada la deriva de C's. El amor al cortijo de la Moncloa hace que el bipartidismo puede ser totalmente compartido, sin que le salpique lo más mínimo el progresismo, que se ha convertido en otra mentira, aunque no nos resultará que sea la última. Se trata de la estabilidad y la seguridad consagrada del poder político, que no de la seguridad de los españoles.
La propaganda cansina de la estabilidad puede deteriorar, aún más si cabe, el fervor político que le pueda quedar al pueblo y que el pueblo se quede más a la intemperie que nunca, sin la última muda de progresismo. Como nos dice Eduardo Mendoza: “Preferían estar asediados por la seguridad”.
O el electorado se mueve para exigir una alternativa política, legislativa y social a todo lo que nos ha caído en estos años o nos imperará una Moncloalición más que poderosa, aunque sea de dos gobiernos, ahora sí, que no nos dejará tomar ni el aire de una más que imposible moción de censura.
josemª
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