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El labriego y su hijo
Natividad Castejon Valero. 31.07.20 
En una ocasión tuve un problema gordo con una niña del colegio.
Creo que iba a segundo, y tendría yo unos 7 años. La niña que se sentaba a mi lado en el pupitre (en aquella época los pupitres eran para 2 niños), me había dicho que si me juntaba con otra niña, ya no sería más mi amiga.
Y el caso es que tampoco éramos tan amigas, pero como la seño nos había puesto juntas, pues me tocaba aguantarla todo el trimestre, si no todo el curso... En cambio, con la otra niña sí que me llevaba muy bien.
Así que con 7 años, y mis gafas recién estrenadas, me encontré con mi primer conflicto de intereses.
El abuelo Cayetano era muy largo, y en cuanto me vió la cara, supo que algo me preocupaba. Le conté lo que me había pasado, y él me contó esta historia, que luego he visto escrita en otros sitios (pues se trata de una de las fábulas de Esopo), pero con otro estilo...
- Siéntate aquí, canija -me dijo-, que te voy a decir una "diciura"... ("historia" según el diccionario Español-Cayetano/Cayetano-Español).

"Resulta que en un pueblo vivía un labriego con su mujer y sus hijos. Una mañana se levantó temprano y despertó a su hijo mayor, porque ya tenía edad para acompañarlo a trabajar.

"El hijo tendría tu edad, chispa más o menos... Se tomaron un vaso de leche calentita, y se fueron con el burro.

"Para llegar a las tierras donde estaban trabajando, tenían que atravesar dos pueblecillos. Y al pasar por la plaza de la primera aldea, el padre escuchó a una mujer decirle a otra: "Fíjate... los dos montaos en el burro... pa cuando lleguen al campo el animal ya estará reventao...".

"Y el padre pensó que no le faltaba razón a la "mariquilla", así que en cuanto doblaron la esquina él se bajó del borrico, y dejó que el animal cargara sólo con el peso del niño.

"Pero una chispa más adelante pasaron por el lavadero, donde había otras tres mujeres haciendo la colada. Y esta vez el padre escuchó a una de ellas comentarle a las otras: "Mira... el niño, que es joven y fuerte, montao en el burro. Y el padre, que está más viejo y cansao, caminando. Pa cuando lleguen al campo, el viejo no podrá ni trabajar, porque estará "estrozao" de la caminata...".

"Y el padre pensó otra vez que aquella otra mujer también llevaba razón. Así que, en cuanto salieron del primer pueblo, y de camino al segundo, bajó al niño del burro y se montó él, como iba todas las mañanas.

"Pero por el camino, se cruzaron con un par de compadres que hacían el camino contrario, y uno de ellos le dijo al otro: "¡Qué poca vergüenza! El chiquillo caminando, y el tío asqueroso, con sus santos coj..., montao en el burro... ¡Así va el país!".

"Oooooohhgg!!... Eso al padre le sentó como una 'patá' en la barriga, así que le dijo al niño: "Pos ná... está claro que va a sé mehó que vayamos los dos andando...". Con que se bajó del burro y continuaron los dos caminando al lado del borriquillo, que seguro que hasta lo agradeció.

"Y en eso que entrando en el segundo pueblo, pasan por delante del bar y salen tres hombres corriendo para mirarlos, y se escucha a uno diciendo: "¿Si serán tontos? ¡Pos no que tienen un burro y van andando...!".

Claro yo me reía a carcajadas imaginándome la situación, y porque me sonaba más a un chiste que a otra cosa. Pero el abuelo continuó explicando: "Con esto te quiero decir, canija, que hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que crea que lo estás haciendo mal. Y si te paras a escuchar, resulta que todo el mundo tiene razón. Así que tú haz las cosas a tu manera... y el que quiera piar, que píe".

Y eso hice... yo seguí hablando con mi amiga, y mi compañera de pupitre se enfadó mucho conmigo. Hasta que se lo dije a la seño, y le regañó, porque además me había quitado un sacapuntas.

Y no nos quedó más remedio que hacer las paces. Luego, con el paso del tiempo, nos hicimos muy amigas las tres.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Natividad Castejón
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