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de noviembre: Construcciones |
Carta abierta a un “desconocido”.Sr.
Desconocido: cuando se toma la decisión de responder con difamaciones,
calumnias y alusiones personales en un debate político,-llevado mas o menos
dentro de las normas de la elegancia, e incuso de la ironía al uso-,
escondido detrás del anonimato de unas siglas, sin dar la cara, ni el nombre,
se corre el riesgo de tener que soportar que se le acuse de cobardía, ya que
la utilización de la difamación, eso de “calumnia que algo queda”, lo
dice todo del individuo y de la credibilidad de lo que escribe. Además si
esos son los únicos argumentos que pueden justificar su postura política,
peor aun, ya que embarrar el debate, solo incita a que los ciudadanos
aborrezcan la política y se queden solo con lo superfluo y morboso de las
cuestiones personales sin enterarse de que va el asunto. Un
debate político tiene sus normas, y creo no haber insultado de forma
personal, al representante o encargado de transcribir las ideas políticas de
un partido tan serio como PSOE. Puedo no estar de acuerdo con sus
planteamientos y en la línea civilizada de un debate siempre estaré, -que el
lector juzgue-, lo que nunca he hecho ni haré, es calumniar alegremente. No
se de donde ha sacado usted esas difamaciones que cuenta, evidentemente se las
habrán contado alguien, pero debe usted de haberse dado cuenta ya a estas
alturas de artículo, que sé con certeza a quien me estoy dirigiendo y quien
es usted. Por tanto como conozco que es una persona universitaria, culta (a
pesar de escribir Villanova con b, y despiste sin ese, -que manía tienen Uds.
los Socialistas de olvidarse de las S,- pequeños lapsus), decía que:
sabiendo que es usted culto, le voy a referir una anécdota que no se si
conocerá, pero que siempre es bueno conocerla a los que nos movemos entre la
clase política. Cuentan, que Churchill una vez invitó a un amigo suyo a conocer la Cámara de los Comunes, y dicho amigo, al ver enfrente a los diputados de la oposición vociferando en contra de él, le pregunto: -¿Aquellos que son, los enemigos?-, Y Churchill con su flema habitual le contestó. –¡Hombre no!, ¡aquellos son los adversarios!, los enemigos son todos estos que tengo alrededor mío-. Le digo esto, porque sepa que en todas partes cuecen habas. ¡Si usted supiera, la cantidad de mezquindades que cuentan de usted compañeros de su partido!, sobre su trabajo profesional, su trabajo político en el ayuntamiento y su vida personal, a las que yo por supuesto ni he hecho caso, ni me he encargado de difundir, ni evidentemente voy publicar. Ya ve, a pesar de que me llama un “redactor de viperina plumilla”, si me vanaglorio de tener mas estilo y no me dedico a difundir calumnias y menos escondido detrás de unas siglas. Si decide reiniciar el debate dentro de los límites habituales no exentos de agresividad o ironía, encantado. Si por el contrario, sigue con las descalificaciones personales y las difamaciones, paso ya de responderle, y lo haré porque la calumnia siempre se vuelve en contra del calumniador y yo a usted lo aprecio sinceramente lo que me permite darle consejos. Es usted tan
pardillo, que a mi me pasa lo que a Aznar con Zapatero, cuando el adversario
político está tan en pañales y con tan poca “chicha”, hay que mimarlo
para que continué haciéndolo tan mal. Luis Bravo
Vicesecretario de Acción Electoral del P.P.
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