PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN JUAN 2001
Ilmo. Sr. Alcalde y Senador del Reino de España.
Sra. Concejala de Fiestas.
Queridos amigos, paisanos y visitantes.
¡Alhaurinos, Alhaurinas! 
Manuel López Mestanza
Cuando el Ayuntamiento de mi pueblo, en la persona de su Concejala de
Fiestas, Dña. María José Segura, me hizo la proposición de ser el pregonero
de las fiestas populares de San Juan, una gran alegría me invadió. “La
Comisión de Fiestas ha pensado”, me dijo, “que alguien nativo de Alhaurín de la Torre sea el primer pregonero
de las primeras fiestas del nuevo siglo”. Alegría inmensa, respeto, mucho
respeto a una tarea en la que mis predecesores, personajes relevantes de la vida
cultural, del mundo del espectáculo y la televisión y vecinos ilustres de esta
villa llenos de carisma y simpatía, pusieron el listón muy alto. Ellos dijeron
mucho y bien de nuestros festejos mayores y en ocasiones confeccioné entre
bastidores los antecedentes feriales de San Juan Bautista que sirvieron de
orientación para que algunas de esas personas que me precedieron en este
menester, cumplieran con el cometido que les fue encomendado.
Pero nunca me pesó expresarme como siento ante mis amigos y vecinos,
ante mujeres, hombres y niños de todas las edades, ante aquellas personas que
aunque no nacieron aquí encontraron sombra, cobijo y cariño, y además para
hablar del tema que más me gusta, el tema que me quitó horas de sueños, de
estar junto a mi pareja, junto a mis amigos. Me lleno al decirlo: ALHAURIN DE LA
TORRE.
Y por ello, os voy a hablar desde mi corazón, desde el sentimiento hacia
el lugar que me vio nacer. Recuerdo y hago mías las palabras del malagueño
internacional Antonio Banderas, cuando desde el balcón del Ayuntamiento de Málaga
pregonó: “que nadie espere alardes
literarios, ni ripios floreados, ni retorcidas retóricas. Yo soy hijo del
pueblo, y como tal me expresaré”.
Y algunos dirán: ¿qué tiene que decir
este pregonero de la Feria? ¿Qué fiestas vivió él? Posiblemente tengan razón,
pero gracias a la colaboración de amigos y vecinos, en especial Antonio Rocha,
Juan Benítez y Miguel Barrionuevo, con muchos sanjuanes a sus espaldas, espero
cubrir con decencia aquellas fiestas, aquellos personajes de los años 40 a
principios de los 70, que de una u otra manera, formaron parte del entramado que
anualmente lleva consigo la celebración de este acontecimiento que rompe lo
cotidiano. Del resto de los años y ferias, hasta hoy en día, podré hablar con
conocimiento de causa porque lo viví de lleno.
Permitirme por ello hacer de mi pregón dos mundos no diferenciados, dos
épocas unidas por la herencia de un año hacia el otro, y que me ciña al orden
natural de nuestras fiestas desde los tiempos más remotos. Será la mejor forma
de entender el cambio sufrido por un pueblo que adoptó como Patrón de Verano a
San Juan, El Bautista, el de las pieles de camello. San Juan mágico, como la
noche, San Juan misterioso, con la quema de Judas, con la búsqueda del trébol
de la felicidad. Día de San Juan, solsticio de verano, manifiesto ancestral,
rendimiento de culto al Sol y el agua... y junto con el paganismo, la celebración
cristiana. Hasta el mismo Jesucristo dijo de El que “no
ha nacido de mujer nadie más grande que Juan El Bautista”.
Y
rastreando en el Archivo Municipal de Málaga han aparecido ejemplos de cómo
eran nuestras fiestas de San Juan en la década de 1920 y 1930.
Por
supuesto y como mandaba la tradición, las fiestas comenzaban la víspera de San
Juan con el típico pasacalles y el estruendo de bombas y cohetes. Al día
siguiente se inauguraba el mercado de ganados que tanta resonancia tuvo desde
siglos atrás y que tras la Guerra “Incivil” fue perdiendo importancia hasta
desaparecer a finales de los años 60. Después, un amplio abanico de juegos y
concursos populares animaban estos días tan esperados en los que los vecinos
estrenaban algo de ropa nueva y las barberías del pueblo tenían más trabajo
que nunca: concurso de la casa más adornada, el juego de la sartén, originales
con cucaña, concurso de manolas, carrera de sacos y en burro, el juego del
lebrillo, concurso de feos con un premio de cuatro duros, la gran buñolada, en
vez de los callos o el arroz de la actualidad, y para despedir la feria, de
cuatro días, una taza de té para todo el pueblo en honor de la Junta de
Festejos “por la labor y el celo
desplegado”.
Y el marco en el que se celebraba toda esta algarabía era la Plaza de
San Sebastián, que durante tanto tiempo fue la protagonista auténtica de
nuestros festejos por antonomasia y que conoció como nadie la evolución de la
feria veraniega. Habíamos llegado a la década de los 40, los 50 y los años
60.
En la víspera, una vista de fuegos artificiales en el Arroyo de
Blanquillo nos anunciaba la llegada de las fiestas. La salida hacia el cielo de
las canastas voladoras, la quema del castillo y la bomba final causaban la
expectación y admiración de los vecinos. Al día siguiente, el repique de
campanas anunciaba el día de San Juan. A ello se unían los lanzamientos de
cohetes por el pirotécnico local Francisco Garrido, más conocido por Paco
“El Latillo”. Por la tarde – noche llegaba el encendido de la velada eléctrica:
el celo profesional de Pedro Valcárcel (Pedro “El Electricista”), encargado
local de Hidroeléctrica El Chorro, hacía que la escasa potencia del suministro
pareciera a los vecinos que el día había llegado. La calle El Mesón y el
Arroyo, como siempre llamamos a la Plaza de San Sebastián, quedaban iluminadas.
Las tardes de feria se cubrían con las tradicionales carreras de cinta,
en bicicletas o a caballo, las tiradas al plato... y las bombas japonesas
estallaban desde el aire arrojando golosinas a la chiquillería. Al final de la
Caleta, junto a la finca El Portón, quedaba instalada la feria de ganado, gran
acontecimiento matinal. Allí, los taberneros levantaban “el chozón”, lugar
de encuentro para mitigar la sed de los asistentes.
Y un recuerdo especial para los tradicionales partidos de fútbol entre
solteros y casados, los de máxima rivalidad con Churriana, que tenían lugar en
el Llano de Caparrós. ¡Y cómo no recordar a nuestro Cura Párroco durante
muchos años, D. Antonio Sánchez, organizador junto a Miguelito “el de
Joaquina”, de la famosa tómbola benéfica.
Y llegaba la noche, el momento más esperado por la juventud. La Plaza de
San Sebastián, el Mirador Bellavista y la calle
Mesón, con el tradicional “Paseo”, lucían las mejores galas. En la
Caseta Municipal, la Orquesta Chaparro amenizaba los bailes en pareja y las
vocalistas Pepita Segura y Pepita Vaquero entusiasmaban al público que llenaba
el recinto de cañizos. Después, la aparición de nuevos ritmos musicales nos
trajeron maravillosos conjuntos músico – vocales: los Electrics, de Alhaurín
de la Torre, los Widos, los Michel o los Spanis.
Y ya que hablamos de música, no podemos olvidar a los miembros más
carismáticos de las distintas
Bandas que a lo largo de los años impregnaron de sonido las calles del pueblo
con las dianas, pasacalles y conciertos: Chaparro, Felipe “el de la Molía”,
los Hnos. Becerra Cantero, el Mellizo, Palote Hijo, Cristóbal “el de Ucle”,
los Hnos. Cantero Luque y cómo no, Miguel “el Confitero”, auténtico
dominador de los platillos, hasta la nueva hornada de músicos locales.
Junto a ello, las atracciones, “los cacharros”, como siempre hemos
dicho, daban el sabor espectacular a nuestra feria: las norias, las sillitas
locas, las barquillas, las balancinas y la llegada de los coches topes a finales
de los 60, cuando se instalaron por primera vez en el Arroyo Blanquillo, a la
entrada del Chorrillo. Y los personajes que alrededor de este mundo llegaban al
pueblo: Luis de las Norias, Paquita la Legionaria, o Domingo, el del puesto de
Turrones.
Y llegaba el momento más esperado por las jóvenes locales: la elección
espontánea de la Reina de las Fiestas. Desde la primera reina conocida, y aún
entre nosotros, Francisca Montoya (Paca “la de la niña enfrente”), pasando
por Margarita “la larga”, María Teresa “el conco”, María Ponce,
Paquita “la de Periquín”, Paquita “la Sidro”, Pepita Ramos, Pepa “la
talaora”, Mariquita “la pollita”, Paca “la pepiza”, hasta las más
contemporáneas, casos de Pepa “la quemá”, María Cruz Anaya, Pepi Rando o
Pepita Farfán, entre otras muchas.
Y detrás de todo este jolgorio estaba el trabajo desinteresado de un
grupo de personas que con escasos medios económicos hicieron de las fiestas de
Alhaurín de la Torre un referente provincial. Personas de la talla de Francisco
de los Santos, D. José Sánchez Aparicio, Manuel González Galiano, Miguel
Luque Rodríguez, Salvador Gómez Ortega, José Benítez Gómez, Román Serra,
Antonio Sánchez, entre otros, y el alma mater, Juan Benítez Navarro, formaron
parte de las distintas Comisiones de Fiestas. Todos ellos y muchos más a los
que sería innumerable nombrar, se desvivieron y aportaron su máximo esfuerzo
para engrandecer y darle realce a las fiestas de San Juan.
Pero el pueblo comenzó a crecer. Desde finales de los años 60 y
principios de los 70, las primeras urbanizaciones, y con ello la llegada de foráneos
que fueron acogidos como hijos del pueblo, y el cambio de gobierno municipal,
con una hornada de jóvenes con empuje y nuevos bríos, hacen que nuestra feria
alcance cotas inimaginables.
En 1974 nació el primer librito de la Feria tal y como lo conocemos hoy
en día. Recuerdo con especial cariño las excelentes colaboraciones literarias
y esperadas con ilusión de un año a otro, de Juan Prados Rodríguez y Salvador
Benítez. De este último, de su “Mañanita de San Juan” del año 75, tomo
prestado esta llegada de la Feria:
“Y en
estos días que San Juan nos convoca a Fiestas. Suenan los campanas
anunciadoras. De cabo a cabo se llena el pueblo con la ráfaga súbita y el
llameante tronar de la cohetería. Pasan los muñecos gigantescos entre el
cortejo fidelísimo de los chiquillos. Se encienden las infinitas bujías de los
arcos... y ya está aquí la feria. Ya estamos todos citados a la gran asamblea
del júbilo compartido. Ya ha llegado el punto y hora de olvidar toda tristeza y
de apretarse íntimamente para todos los jolgorios”.
Y
toreó “el Majita”, y nació la Torre del Cante, larga vida, y llegaron las
actuaciones en la Caseta de cantantes y grupos de primer orden: Triana, Alamenda,
Carlos Cano, Paco Gandía, los Chichos.
Fueron años y fiestas que viví con intensidad. Al ser mi padre
presidente de la Comisión de Fiestas, mi casa se convirtió en el ir y venir de
todos los problemas y las alegrías de la feria. Fueron años en los que un
grupo importante de jóvenes, dejando atrás ideales, apostaron por la
colaboración como la mejor forma de engrandecer el pueblo. Recuerdo a Máximo
Jiménez, Pepe Velasco, Manuel Fernández, Diego Gómez, Antonio Garrido,
Sebastián González, Joaquín Villanova, Juan Bernal, Juan José Peña, y otros
muchos que quedan en mi memoria y en la de todos.
Nuevas
bellezas se convirtieron en Reina de las Fiestas: Pepi Peña, Toñi Becerra, Inés
Roldán, Isabel Gómez, Dolores López, Paqui Serrano, Toñi Salas, y un largo
etcétera que hicieron palpitar el corazón de la juventud local.
Y llegó el gran cambio. Desde hace dos décadas hasta hoy en día, los
festejos crecieron al mismo ritmo que el pueblo. Los recintos feriales se fueron
sucediendo y las íntimas fiestas de antaño abrieron sus puertas al mundo
entero. Una de las principales causas ha sido la mejora económica que de forma
generalizada ha experimentado el pueblo; ello ha motivado la incorporación de
innovaciones a la feria. Una de las principales novedades ha sido la creación
de la llamada Feria del Centro con la presencia en la misma de un gran gentío,
que ataviados con los trajes de gitana o trajes camperos, dan un colorido y
realce especial a San Juan. ¡Y cómo no!, la numerosas peñas o asociaciones
que han contribuido a engrandecer esa feria del centro o la noche mágica del
Real; un recuerdo muy especial para Verdes y Moraos y para los amigos de la Peña
la Escupiera, verdadera protagonista, junto con el rincón del Bar Peña, de la
feria de día en la calle “El Cao”.
El trabajo innovador de las distintas Comisiones de Fiestas, presididas
sucesivamente desde esos años 80 por Francisco Pérez Peral, Manuel Luque,
Antonio González, Luis Navajas, Josefa Rando, Catalina Fernández y María José
Segura, han hecho que las fiestas sanjuaneras de Alhaurín de la Torre sean las
mejores de nuestro entorno.
Sirva este pregón como homenaje, en especial a los que ya no están
entre nosotros, a todas las personas que desde tiempo inmemorial lucharon por
las Fiestas de San Juan, en última instancia para que Alhaurín de la Torre se
haya convertido en un referente a muchos niveles.
¡Amigos
y vecinos! ¡Ha llegado la gran fiesta, la alegría de todo un pueblo! ¡Olvidemos
lo cotidiano y las absurdas diferencias y unámonos todos para cantar, bailar y
reir dentro del respeto y la cordialidad.
¡Alhaurinos!
¡Alhaurinas! ¡Gritemos todos con ilusión!
¡Viva
la Feria! ¡Viva
Alhaurín de la Torre!
¡Que San Juan os bendiga a todos!